El último informe de Adigital y BCG revela que más de una cuarta parte del PIB español ya proviene de actividades digitales, un dato que refleja no solo nuestra madurez tecnológica sino la apuesta estratégica por la IA pública y la inteligencia artificial responsable como motores de la competitividad en nuestro país.
En 2024, el impacto de la economía digitalizada en España ha alcanzado un nuevo hito: representa ya el 26% del PIB, equivalente a 414.000 millones de euros, con un crecimiento del 17% respecto al año anterior. Esta tendencia, según el informe conjunto de la Asociación Española de Economía Digital (Adigital) y el Boston Consulting Group (BCG), consolida a España como una de las economías europeas con mayor dinamismo digital.
Tres dimensiones del impacto digital
La cifra del 26% se desglosa en tres niveles: 1) el impacto directo (12,9%) generado por los sectores digitalizados; 2) el impacto indirecto (12,3%) relacionado con el efecto arrastre sobre proveedores y cadenas de suministro, y 3) el impacto inducido (0,8%) vinculado al aumento del consumo por parte de los trabajadores con mayor renta. Desde 2019, el peso de la economía digital ha crecido más de 7 puntos porcentuales, evidenciando un cambio que ya puede definirse como estructural.
IA pública e IA responsable: dos pilares para el futuro
El informe subraya el papel estratégico de la inteligencia artificial en dos frentes clave. Por un lado, la IA pública se perfila como una infraestructura nacional, apoyada en una red consolidada de centros de datos y conectividad, capaz de ofrecer servicios de altísima eficiencia. Por otro lado, se destaca el papel de la IA responsable, una herramienta de transformación especialmente relevante para las pymes españolas. La idea es apostar por e impulsar un modelo de adopción que combine ética, sostenibilidad y rendimiento. Según el director general de Adigital, César Tello, “sin una estrategia clara y cultura de datos, la IA no podrá desplegar todo su potencial en el tejido empresarial”.
España se posiciona así en la vanguardia europea, no solo en términos de infraestructura digital, sino también como referente en políticas tecnológicas con un impacto económico real y sostenido.

