Mantenerse competitivo es hoy una tarea más compleja que nunca, que pasa por la digitalización.
Flexibilidad, agilidad, facilidad de absorción… son algunas de las cualidades que los expertos mencionan siempre cuando hablan de cómo las organizaciones pueden mantener la competitividad en un contexto complejo y global. Para ello, las empresas deben tener una estrategia tecnológica definida, que inlcuya un plan de desarrollo sólido, alineado con sus objetivos de negocio y que maximice la eficiencia y efectividad operativas. Sólo así se produce eso que llamamos “transformación digital”, que en puridad sucedería cuando incorporamos tecnologías digitales en todas nuestras operaciones.
Que todas las herramientas de que disponemos estén interconectadas y alineadas con nuestros objetivos estratégicos no es un proceso sencillo, pues la clave está en conseguir definir un marco de trabajo estable en el que todas las piezas se refuercen entre sí. Es lo que llamamos “orquestación tecnológica”, y los datos nos dicen que es la estrategia adecuada.
Por ejemplo, sabemos que en España las empresas y organizaciones que más invierten en su infraestructura IT aumentan más rápido sus ingresos, pero a día de hoy únicamente el 27% de ellas apuesta por esta inversión de forma coherente o adecuada, es decir, siguiendo una planificación que aproveche al máximo las tecnologías disponibles.
Evolucionar nuestra arquitectura IT es esencial para evolucionar y sobrevivir en un mundo cada vez más exigente y competitivo. Dicha arquitectura debe ser flexible y ágil, desde luego, pero también escalable, de forma que nos permita incorporar de manera eficaz otras tecnologías: nuevas herramientas de visualización o interpretación de datos, sistemas de IA ad hoc o cualquier otra tecnología o avance futuros. Sin olvidar otra de las claves de nuestro mundo digital: la ciberseguridad. Nos guste o no, hemos de contar con un entorno digital seguro que nos permita trabajar sin sustos o imprevistos y que responda a las nuevas exigencias regulatorias, como la Ley DORA, que entrará en vigor en enero de 2025.

