La incorporación de la inteligencia artificial a los procesos empresariales no solo genera nuevas herramientas. También está creando nuevas funciones relacionadas con su integración, supervisión y control, y que obligan a revisar qué capacidades necesitan los equipos tecnológicos.
La conversación sobre talento e inteligencia artificial suele centrarse en los puestos que podrían automatizarse. Para las empresas, sin embargo, existe otra cuestión más inmediata: quién se encargará de diseñar, integrar, entrenar y supervisar los nuevos sistemas.
Softtek identifica cinco perfiles emergentes con especial relevancia para 2026-2027: ingeniería de prompts, especialistas en ética y sesgo, entrenadores de IA, auditores de IA y arquitectos de soluciones. Más que una clasificación cuantitativa de las profesiones con más ofertas, esta selección permite observar hacia dónde están evolucionando las necesidades de los equipos tecnológicos.
De utilizar IA a integrarla en el negocio
A medida que las empresas pasan de experimentar con herramientas generativas a incorporarlas en procesos reales, aumenta la necesidad de profesionales capaces de conectar modelos, datos, infraestructura y objetivos de negocio.
Aquí adquiere especial importancia el arquitecto de soluciones de IA. Su función no consiste simplemente en elegir una herramienta, sino en decidir cómo integrarla con los sistemas existentes, qué datos puede utilizar, cómo escalarla y de qué manera evaluar su rendimiento.
La ingeniería de prompts y el entrenamiento de modelos responden a otra necesidad: conseguir que sistemas generalistas funcionen correctamente en contextos empresariales específicos. Estas tareas pueden convertirse en puestos especializados, pero también integrarse progresivamente en perfiles existentes de desarrollo, datos, producto o consultoría tecnológica.
Seguridad, sesgos y supervisión ganan peso
Cuanto mayor es la autonomía de los sistemas, más importante resulta controlar sus resultados. Softtek señala entre los riesgos de la IA problemas como los sesgos, las vulnerabilidades de seguridad, la falta de explicabilidad o la dificultad para mantener la trazabilidad de determinadas decisiones.
De ahí el crecimiento de funciones relacionadas con auditoría, privacidad, ética y gobierno de la IA. Las empresas necesitarán perfiles capaces de detectar riesgos antes del despliegue y establecer mecanismos de supervisión durante todo el ciclo de vida de las soluciones.
El reto de RRHH: contratar capacidades, no etiquetas
No todas las organizaciones necesitarán cinco nuevos puestos en su organigrama. En muchos casos, varias de estas responsabilidades podrán concentrarse en un mismo profesional o repartirse entre tecnología, datos, ciberseguridad, compliance y negocio.
Para los equipos de selección, la clave estará en definir qué competencias requiere realmente cada proyecto. Antes de buscar un “especialista en IA”, conviene determinar si la necesidad está en desarrollar modelos, integrarlos, asegurar su funcionamiento, gobernar los datos o trasladar la tecnología a un proceso concreto.
La IA está ampliando el mapa del talento tecnológico. Entender esas nuevas funciones permitirá contratar con mayor precisión y construir equipos preparados para llevar los proyectos más allá de la fase de prueba.

